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 CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:

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Ovejorra
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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Lun Ene 13, 2014 3:19 am

Dorian Gray en la Zarzuela

MANUEL JABOIS


Este año se celebrará un aniversario muy especial: la mayoría de edad del cuadro de la Familia Real de Antonio López. Patrimonio se lo encargó al pintor hace 18 años. Desde entonces, el artista fascinante se pelea con un enorme lienzo de más de tres metros de altura en el que dar cabida a los Reyes de España y sus tres hijos. Cada cierto tiempo los periodistas merodean su estudio para ver cómo va la cosa y el pintor les recibe con tribulaciones y urgencias;
últimamente ha llegado a admitir, exhausto, que quizá sea un cuadro inacabado. Yo estoy seguro de que lo va a terminar este año. Si no lo termina el Rey por él.

La foto en la que López se basa para su cuadro es de 1992, la época elegida por Hola para homenajear hace una semana al Monarca. No es extraño: fue el año de gloria de La Zarzuela, el cénit de su obra. Era tanta la euforia que en la Expo Fidel Castro se acercó al Rey y exclamó con admiración: «¡Me declaro realista!». González le contestó guasón que había elecciones en un año, si tan realista era;
Menem se sumó a la coña y le propuso nombrar a un primer ministro en Cuba. Finalmente, el presidente de Costa Rica planteó que Fidel se nombrase rey y sometiese a elecciones al primer ministro. Esto provocó una salva de carcajadas cuya decencia salvó Violeta Chamorro cuando miró hacia la cámara de TVE y suspiró abochornada: «Ay, Dios mío».

Desde el primer trazo de Antonio López hasta hoy, Dorian Gray no ha dejado de envejecer y de llenarse de sombras;
ha visto desbordado el cortafuegos histórico sobre la institución (el que le permitió salir indemne de relaciones con Mario Conde o Colón de Carvajal como si fuesen amantes que ir quemando en la pira pública) y lo que en tiempos hubiera sido motivo de carcajada aun con todas las pruebas del mundo, como la imputación de una hija, hoy es lógica jurídica.


Hasta los discursos de Nochebuena, antaño dirigidos a la nación, se han ido recogiendo con el tiempo para acabar siendo pronunciados en la cabecera de la mesa familiar;
un día los cámaras se retirarán discretamente, muertos de vergüenza, cuando se den cuenta de que están grabando a un señor hablando con su niña.

Al contrario que en la obra de Wilde, donde es el retrato el que acusa el paso del tiempo mientras Gray se mantiene bello y en pecado, en España es el arte de Basil Hallward del que depende la posteridad de los Reyes.

Todo lo que hay ahora es el desnudo fatal del cuento, cuando el niño comprende que en este país se tolera la Monarquía por una razón de peso: que se porten bien. Y ni siquiera eso, con lo fácil que se les ha puesto, han sido capaces de hacer. Que un arribista con la vida solucionada como Iñaki Urdangarin, que quiso ser pijo después de pijo como el califa después del califa, haya paseado la Corona sin pudor como cheque en blanco por empresas e instituciones no asusta tanto, por ser elemento externo, como la reacción inicial de Zarzuela similar a la de los partidos cuando encuentran a un ladrón: meterlo debajo de la alfombra. Como el papelón de la Fiscalía Anticorrupción, la Audiencia de Palma y, sobre todo, la Agencia Tributaria ante la imputación de Cristina que sólo tiene un precedente: la imputación del banquero Botín. Las dos únicas ocasiones de la Historia de España en las que la Agencia Tributaria dedica sus esfuerzos a no investigar a sus ciudadanos. Campechanía de la buena, pura, sin cortar.

Tanto está tardando Antonio López que, raro en España, el último plazo del pago ya ha sido abonado. «Yo no voy a cobrar nada cuando lo acabe», dijo con la misma intensidad con la que el abogado de la Infanta ha anunciado que no recurrirá su imputación;
convertir la lógica en extravagante generosidad tiene algo de espíritu de grandeza. De gestos así viven muchos en España, pero nadie como la Familia Real. Si en su origen fue el remedio para la Transición, señal de continuidad del dictador y de la democracia interrumpida en 1936 para que todos tuviesen una excusa para seguirla, el paso de los años ha terminado convirtiéndola ya no en prótesis necesaria, sino en lo que es: una institución ensoñadora fuera de tiempo y de lugar, acuciada por graves irrupciones del mundo real, como la Justicia. No la afectiva, que es por la que siempre se han regido los reyes, más pendientes del cariño que de la ley, sino la que encierra a la gente.

«Una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades», dice López radiografiando el modelo más que el cuadro. Las monarquías tampoco se terminan, ni siquiera por esterilización: lo que hacen es refugiarse en viejas rentas sentimentales y esperar un regreso que nunca se producirá. Hasta Luis Alfonso de Borbón sigue dándole vueltas a la posibilidad de reinar en Francia, el país de Guillotin. El Rey quiere morir rey, lo cual es muy heroico;
para el país se admiten interpretaciones menos románticas. Puede decir, aconsejado por el abogado de su hija, que morirá voluntariamente. Pero ni siquiera sabemos si está pintado.

http://elmundo.orbyt.es/2014/01/11/tu_mundo/1389479483.html


Quien lo iba a decir, es todo tan forzado que deberían decretar que a la muerte del rey la monarquía quede abolida, y todo Dios a currar concorde a estos tiempos que corren, es tan ridi pensar en majestades infantitas infantotas y altezas..que atraso madre mia..
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Mechita
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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Lun Feb 03, 2014 7:11 pm

La erosión de la Monarquía


Desvincular la institución de la persona del Rey sería el beneficio más notorio de la transmisión en vida de la Corona. Puede ser el principio de una recuperación de confianza bajo un nuevo titular


SANTOS JULIÁ 2 FEB 2014



Es lo que tienen las crisis cuando son largas en el tiempo y profundas en el espacio: que enervan y agotan las reservas de moral para enfrentarse a los problemas del presente, destrozan las perspectivas de futuro de toda una generación y, en fin —pero lo más importante para lo que aquí nos ocupa—, llenan de escombros el pasado. El pasado, ese país extraño, fluido y mudable, sometido siempre a los cambios que impone el presente, sufre extrañas convulsiones en tiempos de crisis general: nada de él queda incólume.

Así ocurre con la Monarquía que, como el resto de las instituciones del Estado —excepto la Policía, la Guardia Civil y las Fuerzas Armadas—, ha presenciado en la impotencia la pérdida a chorros de la confianza que en otro tiempo depositaron en ella los españoles, sin que ninguna de las políticas de comunicación —como se llama ahora a lo que siempre fue propaganda— puestas sagazmente en práctica por la Casa del Rey haya dado resultado alguno: la institución mejor valorada, la que merecía mayor confianza y no creaba ningún problema se ha precipitado desde unas alturas situadas en torno a 7,5 sobre 10, habituales hasta 2008, a la hondonada en que, a finales de 2013, apenas superaba el 3, un suspenso inapelable.

¿Por qué esta caída en picado? Lejos de la ola de literatura arbitrista que nos invade desde que estalló la crisis y que tanto gusta de ver un pecado original, una traición, en el pasado como razón y causa de los males del presente, el Rey, que heredaba un poder ilegítimo en su origen, conquistó para la Monarquía la legitimidad, porque en el ejercicio de su función institucional llevó a la práctica lo que del jefe del Estado esperaban las fuerzas de oposición a la dictadura. El principal partido de esa oposición, que fue de lejos el comunista, había planteado ya desde mediados de los años cincuenta la cuestión de la democracia en España desvinculándola de la idea de república para oponerla a la realidad de la dictadura. Hasta tal punto fue así que en una resolución de 1957 el PCE se mostraba dispuesto a aceptar una Lugartenencia del Reino si su titular presidía un Gobierno de coalición que convocara elecciones generales. No cometió Santiago Carrillo ninguna traición a sus orígenes cuando, legalizado su partido por un Gobierno salido de la dictadura, pero dispuesto a caminar a la democracia, resumió en abril de 1977 la sustancia de su política en una frase que será célebre: la opción no era entre monarquía y república, sino entre dictadura y democracia.

Lo era ya desde mucho antes, y no solo para los comunistas. La aceptación tácita de que cualquier proceso de transición democrática se verificaría con un rey o un regente en la jefatura del Estado fue común en los contactos entre la oposición interior y la del exilio desde los encuentros de la Confederación de Fuerzas Monárquicas con el PSOE en 1947 y 1948, y volvería a repetirse en las conversaciones que, bajo el paraguas del Movimiento Europeo, mantuvieron en Múnich socialistas, monárquicos y democristianos en junio de 1962.

Y como la memoria es frágil, no estará de más recordar que, metidos en los años setenta, ninguna de las sucesivas y variadas instancias unitarias de la oposición que por entonces vieron la luz incluyó en respectivos sus programas punto alguno sobre la república: no la mencionó la Assemblea de Catalunya, ni la Junta Democrática;
desde luego no la Plataforma de Convergencia, tampoco Coordinación Democrática ni, en fin, la Plataforma de Organismos Democráticos, que centraron sus reivindicaciones en la convocatoria de elecciones como primer paso hacia unas Cortes constituyentes.

Que el Rey y el Gobierno por él nombrado llevaran a cabo una parte sustancial del programa de la oposición explica la especial vinculación que el proceso de legitimación de la Monarquía tuvo con la persona del Rey o más exactamente, con las decisiones tomadas por el Rey y su Gobierno para despejar de obstáculos la transición de la dictadura a la democracia. Es un lugar común decir que, sin ser ni sentirse especialmente monárquica, la mayoría de los ciudadanos fue, al menos, juancarlista. Por parecida razón, y una vez la democracia consolidada, bastaría que la mayoría de la gente dejara de ser o sentirse juancarlista para que pasara de la aceptación tácita de la Monarquía a la desafección o desapego, primer paso de una creciente hostilidad contra la institución, como es perceptible en el constante incremento de banderas republicanas en las manifestaciones de protesta convocadas contra los despropósitos de las políticas gubernamentales en cuestiones tan sensibles como sanidad o educación, desahucios o aborto. Es el peligro principal de la fuerte vinculación en origen de la institución monárquica a la persona del Rey: que la pérdida de confianza en este entrañe la masiva deslegitimación de aquella.

Eso es precisamente lo que venimos presenciando de 2008 a esta parte en un proceso inversamente paralelo al ocurrido en los años setenta: si entonces las decisiones del Rey dotaron de legitimidad a la Monarquía, ahora ha sido la conducta de las personas, no solo del Rey, también de su hija y de su yerno, las que han restado hasta límites que pueden llegar a ser insoportables la confianza en la institución. Y si entonces la legitimidad otorgada a la institución gracias al ejercicio de su función por el Rey volvió irrelevante la cuestión monarquía o república, no es sorprendente que ahora la pérdida de esa confianza en el Rey y en su Casa acabe por infligir una grave herida a la Monarquía y eleve hasta cotas impensables hace cinco años la opción por la república.

Tomar nota de este proceso y sugerir que tal vez haya llegado la hora de preparar la desvinculación de la persona con la institución es la misma cosa. Lejos quedan los tiempos del origen divino del poder real y nadie cree hoy en la madre naturaleza como norma de conducta: nada es divino y nada es natural. La Monarquía realmente existente está aquí por una convención sellada hace 40 años. No iría contra las esencias de esa institución que la titularidad de la Corona se ejerciera hasta una edad determinada por ley, 75 años por ejemplo, cumplida la cual solo quedaría al Rey preparar la ceremonia de su relevo en la jefatura del Estado.

Hoy, con la esperanza de vida situada en torno a los 80 años, es pertinente recordar que el césar Carlos, rey de Castilla y Aragón y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se retiró a Yuste a la edad de 58 años. Nada obliga a esperar la ceremonia pública en la que el rey, máximo celebrante, se echaba a morir entre negros crespones y el llanto de la corte. Antes de que llegue el trance podría disfrutar durante unos años de la condición de emérito, como el papa que, ese sí, debe su elección a los inescrutables designios de la providencia y, sin embargo, ahí está, tan contento en su retiro.

Lucubraciones vanas, se dirá, pues hasta que la Constitución no lo establezca, el rey es dueño de su propia muerte. Pero a poco que mire más allá, comprenderá el Rey los beneficios que para la institución, y de rechazo para la democracia, se derivarían de la transmisión en vida de la Corona. El más notorio, el que puede ser principio de una recuperación de confianza si bajo un nuevo titular la Monarquía emprende a fondo la tarea de su propia democratización interna, que consiste en desvincular la institución de su propia persona. De otra manera, es muy posible que la desafección hacia la persona, convertida en hostilidad contra la institución, agudice en los próximos años la imparable erosión de la Monarquía.



Santos Juliá es historiador.





Fuente:
http://elpais.com/elpais/2014/01/29/opinion/1390995769_223759.html

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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Mar Feb 04, 2014 6:23 am

Lo que ha quitado la venda de los ojos a mucha gente ha sido INTERNET, desmadres, robos y sinverguenzadas siempre hubieron en todas las casa reales, solo que la gente no se enteraba o porque la prensa los protegía o bien porque ni dinero tenían para comprar periódicos. hora todo es muy distinto y todo se llega a saber, en cualquier lugar del planeta cualquier persona puede informar, fotografiar o contar lo que se entera o ve.

En muchos casos que todos sabemos se ganaron a pulso el rechazo que hoy tienen con su comportamiento poco decoroso o correcto en algunos de sus miembros..

Los errores se pagan, el respeto asi como se tiene se pierde, igualmente la confianza y el apoyo- Las nuevas generacioes son mas preparadas, más críticas y más cultan que en el pasado, asi que dificilmente los harán tontos.

Gracias Mechita rosa NM.

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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Mar Feb 04, 2014 5:08 pm

No puedo entender que se hable,se insinúe,o se diga abiertamente que el Rey debe abdicar cuando una de las rémoras de la Monarquía es Letizia.
Es cierto que la Monarquía se ha ido cavando su propia tumba con escándalos delictivos,amorosos y cinegéticos,pero no es menos cierto que Letizia ha contribuido con su imagen,comportamiento,egoísmo e ineptitud a que hoy por hoy nadie quiera una continuación de la Corona.La juventud de ahora que ve cómo debe trabajar en oficios que no son los suyos por sueldos míseros,que ven que no tienen porvenir por muchas carreras o másters que tengan,que no pueden emanciparse de sus padres,que no pueden formar un hogar con sus parejas por falta de ingresos,que ven pasar los años sin esperanza...considera a Felipe como un vividor que por la gracia de haber nacido donde ha nacido,sin mérito ninguno,tiene su vida asegurada.Y no lo ven justo;
por éso cada vez hay más gente partidaria de una república.
Creo que hasta Felipe lo tiene claro,porque el otro día en Canarias ya dijo algo con respecto a su futuro si la gente quería.

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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Lun Feb 17, 2014 3:05 am

MONARQUÍA


Guía para salvar su reputación






GONZALO SUÁREZ 16/02/2014



Un día cualquiera en La Zarzuela. El Rey cita al núcleo duro de su familia: la reina, el príncipe, su esposa Letizia y las infantas Cristina y Elena. Quiere informarles de una novedad crucial: ante el aluvión de escándalos de la Casa Real, ha decidido transformar por completo su política de comunicación.

-Vamos a ponernos en lo peor. Quiero que me digáis todo lo malo que puede salir publicado sobre vosotros. Antes de que lo cuenten los periódicos, lo difundiremos nosotros. Así mantendremos el control de la información.

Este sería el primer consejo que recibiría el rey si fichara a Chris Artenton, uno de los mayores gurús de la comunicación de EEUU. Que tome la iniciativa. Que se anticipe a los hechos. En otras palabras, que haga lo contrario que hasta ahora: más acción, menos reacción.

En jerga empresarial, la Casa Real sufre una crisis de reputación. De ahí que sea un momento perfecto para replantear su estrategia de comunicación. Crónica ha consultado a un sanedrín de expertos en imagen, reputación y gestión de escándalos. El objetivo: trazar un plan de choque que garantice la supervivencia de la Casa Real. No es un mero capricho: una reciente encuesta de EL MUNDO desveló que, por primera vez, menos de la mitad de los españoles -el 49,9%- apoya la monarquía.

Los expertos reclaman transparencia, cercanía y un puntito de audacia. Por ejemplo, la mayoría aconseja que la infanta Cristina pida perdón cuando se conozca la sentencia de Nóos. Luego, podría «reparar» su honor con alguna misión humanitaria en el Tercer Mundo sin informar a los periodistas. Al cabo de unos meses, la noticia podría llegar discretamente a las redacciones.

El sanedrín también pone deberes al resto de miembros de la Familia. El príncipe debería dar entrevistas a grandes medios internacionales. A doña Letizia le toca volcarse en alguna causa social, como Lady Di con las minas antipersonas. El rey podría aprovechar 2015, cuando cumple 40 años en el trono, para apuntalar su legado. Y la reina debería cuidar la unidad del clan, como ya hizo esta semana al viajar junto al rey a Portugal.

Los expertos coinciden en que la crisis de la Corona es superable. Sin embargo, recalcan que la operación rescate exigirá mucho trabajo. Estas son sus recetas.

El Rey: aguante el chaparrón


No abdicar. Ni su salud ni los escándalos deben empujarle a la retirada. Es más: uno de los mandamientos de las crisis de reputación es que las resuelva el «número uno» de la institución. Según los expertos, abdicar ahora sólo aumentaría la zozobra comunicativa. Cuando la crisis ya esté controlada, podrá plantearse si entrega el relevo al príncipe Felipe.

Al mando. El rey es el equivalente al presidente de una empresa en apuros. Su obligación es controlar el rendimiento de sus principales «ejecutivos»: el príncipe, la reina, las infantas... Incluso debe ejercer de portavoz en los momentos más delicados de una crisis. Su tradicional discurso de Navidad es necesario, pero no suficiente.

Su legado. El rey cumple cuatro décadas en el trono en 2015. El sanedrín propone que aproveche esta efeméride para reivindicar su legado, emborronado por los recientes escándalos. Se destacarían dos logros: la consolidación de la democracia y su infatigable apoyo a las empresas españolas en el extranjero.

Homenajes. Un posible lema del aniversario sería «Toda una vida al servicio de España». Se organizarían congresos, simposios y actos culturales durante todo el año. El plato fuerte se reservaría para el aniversario, el 22 de noviembre: el Palacio de Oriente acogería una fiesta con la presencia de autoridades políticas, miembros de la sociedad civil y representantes de casas reales extranjeras.

El primer español. Lejos de ocultar su declive físico, puede mostrarlo: los ciudadanos empatizan con un rey que cumple con su deber pese a su enfermedad. También podría «venderse» como el «primer español», una metáfora de las virtudes y defectos del país: simpático, improvisador, campechano, pícaro...

Además, al contrario que los políticos, sabe pedir perdón, como tras la cacería de Botsuana.

La reina: cuide el clan


Apoyo de Cristina. Los ciudadanos no perdonarían que el rey o el príncipe fueran tolerantes con la infanta. Pero sí se lo permiten a doña Sofía: entienden que, además de reina, también es madre. Así, podría ejercer de enlace con doña Cristina para que su ostracismo no sea absoluto.

Humanizar a Felipe. Doña Sofía es la integrante mas querida de la Familia Real, con un 67% de popularidad. Por eso debería dejarse ver con su hijo en situaciones informales: salidas al cine, comidas en restaurantes... Así, ayudaría a «humanizar» a don Felipe de cara a la sucesión en el trono.

Felipe: lidere la marca España


La nueva España. El joven Juan Carlos encarnó en los 70 a un país que abandonaba la dictadura. Hoy, Felipe es el símbolo de un país que resucita tras una agotadora recesión. Todos sus actos deben encajar con un eslogan: «Preparado para ser rey».

Entrevistas. Como pilar de la «marca España», debería prodigarse en la prensa internacional. Un paso sería conceder entre-vistas a medios de alto nivel. De momento, esta semana ha sido portada de «Le Nouvel Observateur».

Su 23-F. Una hazaña política le serviría para asentarse. Hoy, el principal reto es el auge del soberanismo catalán. Con su talante conciliador, don Felipe ejercería de perfecto puente entre Cataluña y Madrid. Un gesto elocuente sería instalar una segunda casa allí y hablar catalán... no sólo en la intimidad.

Cordón sanitario. Si alguien debe distanciarse de la infanta Cristina es el heredero. Ni siquiera debe hablar del tema en público: es un problema que le toca resolver al «número uno».

Humanidad. Supera a su padre en oratoria, formación e imagen. Pero le falta el don «juancarlista» para la improvisación y el contacto con el pueblo. Aún le queda tiempo para adquirirlo.

Nueva monarquía. La coronación de Felipe VI será el momento ideal para una refundación de la monarquía. Los expertos le recomiendan tres pilares: transparencia, cercanía y austeridad. En resumen: menos yates y más calle.

Letizia: dé un pasito atrás


Menos expuesta. La potencia mediática de la princesa es tal que llega a eclipsar a don Felipe. Ahora que su marido asumirá más peso en la Casa Real, ha llegado el momento de que dé un pasito atrás.

Una profesional. Letizia tiene a la mejor maestra en casa: doña Sofía. La reina ha sabido mantener el equilibrio entre el protagonismo y la discreción. Si la imita, la princesa mejorará sus niveles de popularidad, que hoy rondan el 50%.

El ejemplo Diana. La princesa podría pulir su perfil si adopta una causa humanitaria como propia. El referente sería la campaña contra las minas antipersona de Diana de Gales. Tendría que elegir una causa que genere apoyo social, como ayudar a las mujeres maltratadas o a los bancos de alimentos.

Calor humano. El principal déficit de imagen del heredero es su frialdad en público. Doña Leticia puede ser el perfecto antídoto: tiene un don para el contacto espontáneo con los asistentes a los actos. Los expertos recomiendan que se deje ver más en público con su marido como una pareja más: en el teatro, en restaurantes...

Una mujer más. Doña Letizia tiene una ventaja: ella sí sabe lo que es pagar una factura del gas. Así, puede presentarse como la «embajadora» del «mundo real» en La Zarzuela. Su mera presencia da un plus de credibilidad a los aires renovadores que pretende impulsar su marido.

Elena: sea la infanta del pueblo


El precedente. Doña Elena protagonizó la primera crisis sentimental de la familia: su divorcio de Jaime de Marichalar. Lo que pareció un drama hoy está casi olvidado. Este ejemplo puede ayudar a la familia Borbón a afrontar con más calma su crisis de imagen.

Una mujer normal. Le toca ejercer el papel de la «infanta buena»: una mujer trabajadora que cuida a sus hijos tras sufrir un desengaño amoroso. Su figura genera empatía, así que es la representante ideal para presidir actos de contenido social.

Cristina: pida perdón y desaparezca


La disculpa. Aunque el juez la exculpe, su comportamiento no ha sido ejemplar y la opinión pública ya la ha condenado. La única salida es que pida perdón a los ciudadanos y, en su caso, que devuelva el dinero.

La huida. Pasará tiempo hasta que pueda vivir con normalidad en España. Antes, tendrá que «reparar» su honor. Una posibilidad es que realice alguna labor humanitaria en África o Latinoamérica.







Fuente:
http://www.elmundo.es/cronica/2014/02/16/52ff5464ca4741d8558b4574.html

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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Miér Feb 19, 2014 11:04 pm

Ellos estan defendiendo sus lugares y mientras cuenten con el apoyo de los políticos y de un muy grande sector de la población la Monarquía seguirá hasta el infinito. Si solo fueran el rey y la reina los que disfrutan del privilegio pues me parecería perfecto porque si que han trabajado muchísimos años sin dar que hablar, al contrario. Pero eso de mantener el estatus para toda la família hasta con asignaciones económicas lo encuentro ridiculo , desfazado e injusto. Pero bueno.. no soy española y esas son cosas nherentes a los españoles y a nadie más.

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MensajeTema: Re: CASA REAL Y EL DESCONTENTO POPULAR (artículos) :updated:   Lun Mar 31, 2014 3:20 am

El Rey busca recuperar popularidad mientras crece el debate sobre la necesidad de la monarquía




"
La imagen del monarca está muy contaminada"
, asegura un experto, toda vez que don Juan Carlos vive uno de sus peores momentos de popularidad desde que fuera designado Jefe del Estado. La última encuesta ponía de manifiesto que un 60% de los españoles habían perdido la confianza en él y piden que abdique.




NACIONAL | 30-03-2014







El pueblo llano sabe que una monarquía está en problemas cuando a la reina Sofía la reciben con gritos en el Teatro Real. O cuando a los Príncipes de Asturias les silban en no pocos de los actos a los que acuden. O cuando al príncipe Felipe le niegan el saludo en una feria de móviles por no apoyar la causa nacionalista. Son escenas que ahora suceden a menudo y con cada uno de los miembros de la familia real allá donde van.

El cambio en la opinion pública ha tenido que ver con determinados comportamientos reales nada ejemplares, como que el Rey se dedicara a cazar elefantes mientras el país andaba sumido en una grave crisis institucional, económica y social. O que el juez Castro decidiera imputar a la infanta Cristina por el caso Nóos, situación que podría traducirse en el ingreso en prisión su marido, Iñaki Urdangarin, en caso de confirmarse su culpabilidad.

Si echamos la vista atrás, nos encontramos con que, de acuerdo con la última encuesta publicada sobre el apoyo que recibe la monarquía en España, más del 60% de los españoles quieren que el Rey abdique. Es un dato histórico, teniendo en cuenta que el monarca siempre ha gozado de buena aceptación entre el pueblo español. También en el extranjero era percibido como un líder sólido. Hace apenas un año, Mariano Rajoy parecía ajeno a la situación. Preguntado por la falta de confianza en el actual modelo institucional español y singularemente en la Monarquía, el político gallego aducía que "
la monarquía española cuenta con un apoyo muy mayoritario en la sociedad, que valora el papel que ha jugado el monarca en la Transición, así como en el 23-F, algo que demuestra la pujanza de la institución y por qué una gran mayoría de españoles siguen apoyándola como útil y valiosa para nuestro país"
, ello en contra de las encuestas publicadas. Sin embargo, los últimos dos años la suerte no ha estado precisamente del lado de don Juan Carlos.

Miguel-Anxo Murado opinaba en las páginas de The New York Times que el Rey no ha cambiado, sino que lo ha hecho el país. Basaba este cambio de parecer en dos causas: la lejanía de la Guerra Civil y los problemas económico-financieros del momento. "
Cuatro décadas después de la guerra, los recortes están dibujando en España el perfil de un nuevo país"
, sostiene el periodista en su columna.

A esa opinión se suma la de Alfredo Serrano Mancilla, doctor en Economía. Preguntado por Vozpópuli si sería conveniente una abdicación más o menos inmediata del Rey, este experto en casas reales es muy claro: "
La monarquía debe acabar. Hablar de democracia manteniendo privilegios constitucionales para la familia real es muy contradictorio. Esto es algo que debería ser cuestión del pasado. Para dar lecciones de democracia afuera, lo primero que deberíamos de hacer es democratizar las relaciones sociales, económicas y políticas dentro. Y la monarquía, por muy parlamentaria que sea, equivale a seguir manteniendo un trato desigual muy evidente"
.

Capilla ardiente, foto y adiós

El último acto público en el que se pudo ver al Rey, presidiendo la capilla ardiente de Adolfo Suárez en el Congreso de los Diputados, evidencia los problemas del momento. Ataviado de riguroso luto y apoyado con su muleta, don Juan Carlos descendía del vehículo oficial con semblante serio, el necesario para ocasión tan especial. Aquella era una oportunidad pintiparada esa de demostrar al mundo, y al propio país, que España era capaz de mostrarse unida, con toda su clase política, en torno al feretro de un hombre elevado a los altares como "
heroe de la Transición"
, en esta hora tan necesitada de héroes.

Antes de este acto en la Cámara Baja, han sido contadas las ocasiones en las que se ha visto a Su Majestad. Algunos actos en Palacio. Lo demás, hospitales, rehabilitación y mensajes de Navidad. ¿Buscaba aprovechar este momento para reconciliarse con el pueblo o simplemente se trataba de salir en la foto? "
Con el deterioro reputacional sufrido, es complicado hace efectivo ese aprovechamiento, más allá del puro instante, el día de la foto"
, sentencia Serrano.

"
La imagen del Rey está muy contaminada"
, dice Serrano.
Opaca durante muchos años, su figura llegó a su punto más bajo cuando en 2012 se rompió la cadera cazando elefantes en Botsuana. Ahora, y a consecuencia de los problemas a los que se ha tenido que enfrentar tras el incidente, la familia real ha hecho un notable esfuerzo por recuperar prestigio, con decisiones como la de mostrar sus cuentas con una cierta transparencia.

"
Es complicado que la juventud española actual, a la que la transición democrática no le quiso enseñar la Historia de España, pueda justificar y defender el papel del rey cuando sigue sufriendo más de un 50% de desempleo, mientras el otro 50% malvive en un masivo empobrecimiento salarial"
, reconoce Serrano. Abandonar el bastón esta primavera se torna como el primero de los pasos adelante de un Rey que sigue en su madriguera esperando que la lluvia escampe.







Fuente:
http://vozpopuli.com/actualidad/41053-el-rey-busca-recuperar-popularidad-mientras-crece-el-debate-sobre-la-necesidad-de-la-monarquia

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